¿Comunicación verbal de peor calidad?

diaespanolAsistía a un debate la semana pasada con motivo del Día Mundial del Español en el que se planteaba la pregunta de si la comunicación pública verbal de hoy es de ‘peor calidad’ que en el pasado. Para ello, los intervinientes trataban de comparar los usos de la retórica política, antes y ahora, así como lo que cada día podemos escuchar en los medios de comunicación.

En el debate surgían varias conclusiones, la primera e inmediata es la utilización de cada vez menos palabras en el debate político. Se ha reducido, por tanto, el léxico utilizado, el vocabulario. Pero otra conclusión, quizá más relevante que la primera, es la cada vez menor necesidad de argumentación, dado que las formas discursivas y dialécticas han cambiado.

A la vez, estamos asistiendo a la cada vez mayor formalización ý actualización de las herramientas e instrumentos técnicos relativos a la retórica actual. Hoy ya es moneda común el ‘media training’ como técnica de entrenamiento de los portavoces o de los personajes públicos en su presencia en los medios de comunicación. La asesoría de imagen es una actividad reconocida y en auge.

Se ha acuñado el término ‘storytelling’ como poderosa herramienta de comunicación, utilizada de forma inconsciente por un número importante de oradores en la historia. Los discursos se diseccionan en su componente verbal, paraverbal y no verbal, así como la capacidad emocional, de evocación y generación de expectativas. Probablemente, jamás habíamos estado tan atentos al formato y ‘continente’ de la comunicación como hoy.

Hay que partir de una cuestión básica y es que estas formas retóricas y discursivas se construyen de acuerdo con la audiencia, en un proceso de acción-reacción, es decir de retroalimentación. El empobrecimiento del lenguaje como herramienta de comunicación es algo que se produce en espiral y tampoco se puede desligar de la conformación de la cultura, del imaginario colectivo y de sus ideas. Evidentemente, la capacidad discursiva, narrativa y creativa, sigue existiendo, pero su construcción cada vez es más básica y lineal.

En todo caso, aprovechemos el Día del Español: es un buen momento para reclamar mejor español, mejores discursos, más ideas, mejores argumentaciones, para recuperar la esencia de los procesos de comunicación: una construcción que se enriquece en común.