Reivindicación de la oratoria

portada-me-hablas-a-miEste es un libro de reciente aparición sobre retórica elaborado por el periodista, autor y periodista británico Sam Leith. Como es habitual, la autoría de los libros sobre retórica sigue una tradición anglosajona. Y, sobre todo, cuando se hace trazo de la realidad política cuyas referencias se sitúan muy próximas temporalmente, casi exclusivamente estos libros proceden del Reino Unido o de Estados Unidos. Así, los periódicos ingleses y también los norteamericanos, así como las revistas de pensamiento y de actualidad, como The New Yorker, publican los discursos políticos en sus páginas, existen recensiones, resúmenes y compendios de los discursos pronunciados por sus líderes. Además, con la devolución de la oratoria a la política en el caso del presidente Barack Obama, quizá ha cobrado más actualidad si cabe.

En España, los libros que se adentran en la retórica, contienen ejercicios retrospectivos en los que utilizan discursos de Adolfo Suárez o que sitúan sus referencias temporales no más cercanas de diez años atrás. Quizá la razón de esto estriba en que la retórica parlamentaria española es enormemente plana, sus contenidos tienen una caducidad muy rápida y su pervivencia es escasa. Quizá sea producto de la dialéctica partidista en que se produciría en España, quizá por cómo el discurso político ha perdido calidad, trascendencia, sentido y elaboración. Por ello, visto con esta perspectiva y desde la realidad española, hablar de los términos retórica y oratoria puede resultar tan lejano cuando hay una ausencia de construcción de proyecto colectivo y de protagonistas que sean capaces de conducirlos.

La oratoria y retórica, son palabras que han sido esenciales para la construcción de la historia, de la sociedad y, evidentemente, en la política y la configuración del poder. Pero, también en muchos más terrenos. En las sociedades avanzadas, la retórica y la oratoria, forman parte de una construcción de las relaciones civiles, del espacio social, la defensa de causas nobles y del imaginario colectivo. La retórica es responsable de triunfos y fracasos de gobiernos, sociedades, proyectos, clubes de fútbol, organizaciones civiles y familias. Recordemos las arengas familiares de El Padrino.

Sam Leith habla de la retórica, con un libro ágil y divertido, que va desde los griegos, pasando por Martin Luther King, Adolph Hitler, hasta Obama, pasando por Homer Simpson y South Park. Es un iconoclasta y, con su texto, dibuja una visión “amigable” de la retórica, frente a la visión conspirativa y manipuladora. También desde el respeto, la admiración y el estudio. Además, Leith es un “obamita”, un estudioso de la retórica del actual inquilino de la Casa Blanca. Por otra parte, el actual presidente norteamericano es un clásico de la oratoria y el ‘storytelling’, hasta el punto en el británico que desentraña minuciosamente la construcción de los discursos del Presidente, llegando a la conclusión de que es un orador eficaz. Analiza los discursos del Presidente actual de los Estados Unidos desde un cierto grado de delectación y con una profundidad inusuales, señalando su preferencia por las anáforas, por la construcción de los argumentos paralelos dobles, incluso triples.

¿Cuáles son los instrumentos claves del pensamiento político y del poder, entendido también como una responsabilidad, si no las palabras? ¿En qué parte la construcción de la realidad no la realiza el lenguaje? Quizá este título, además de su interés indudable, para quienes creen (creemos), en la palabra, en los argumentos, en los mensajes, en las historias, en el respeto a quien lo recibe, es una forma de señalar una carencia y un hueco en nuestro país, una carencia que va más allá de las formas.

Entre el eufemismo y el disfemismo

falaciaLa Ministra de Empleo, Fátima Báñez empleaba en estos días en una intervención en el Congreso el término “movilidad exterior” para referirse a la salida de jóvenes españoles hacia países extranjeros al no encontrar oportunidades de trabajo en nuestro país.

En su momento, la agencia de noticias Europa Press tituló en su momento, “Montoro confirma de forma eufemística que habrá subida del IVA “, al que añadía el siguiente sumario. “El ministro de Hacienda habla de una ‘estrategia tributaria’ acomodada a las recomendaciones europeas …”. El mismo Ministro de Hacienda, también utilizó otro eufemismo para referirse a los recortes presupuestarios en términos de “reajustes”. Del mismo modo, hay que recordar todos los eufemismos que utilizó el ex Presidente Zapatero para huir de la palabra crisis o utilizar la expresión metafórica “brotes verdes”. O los nombres de las leyes y proyectos de ley en España, son eufemísticos.

Sin entrar en lo económico, en lo político o en el mercado de trabajo, son ejemplos, particularmente recientes y abundantes de la utilización de eufemismos en la comunicación, en este caso, política.
En sentido contrario, empieza a ser frecuente la utilización de otros términos hiperbólicos y de trazo más grueso, como nazismo (cada vez más frecuente en la retórica política española, bien en palabras de Dolores de Cospedal o de Josep Fontana en El Periódico de Catalunya), sobre las ‘estafas’ inmobiliarias o a cuenta de los escraches o considerar que los deshaucios derivados de la crisis inmobiliaria, son genocidios. Su objetivo es amplificar la onda expansiva de los mensajes que profieren, en el bien entendido que su metralla las hace más potentes.

Por tanto, en la actualidad, parece que, en términos de comunicación política basculamos entre los dos extremos, del eufemismo al disfemismo hiperbólico, con difícil espacio para la existencia de términos medios o matizaciones.

Por su parte, el eufemismo sirve para ‘limar’ las asperezas de la lengua y de sus significados (sólo hay que ver cómo ha evolucionado el lenguaje escatológico). En todo caso, aunque sea una práctica frecuente, es ingenuo pensar que las palabras pueden neutralizar la realidad que se niega a nombrar.

Por otra parte, el disfemismo busca el efecto contrario al eufemismo, eligiendo en ese caso, la expresión más ruda y que contenga mayor carga emocional pública para conseguir la agitación, la polémica o el escándalo.

Y, todo ello, eufemismos y disfemismos, sin conocer o advertir la importancia de las palabras y de los términos en la comunicación. Es decir, sin comprender, la responsabilidad del emisor, en cómo el lenguaje crea la realidad o la deforma en el sentido ontológico. Habría que preguntarse por qué en los países sajones esta figura es menos frecuente.

Más eufemismos políticos y recientes en este artículo de El Confidencial “Movilidad exterior” y otros eufemismos de políticos en apuros”. Habrá más post sobre este apasionante tema.

De qué va Comunicatelling

cuevas-historiaComunicatelling surgió hace ahora aproximadamente un año, con la intención de reivindicar el papel la las historias en la comunicación. Historias que contienen arquetipos, narraciones, argumentos, metáforas, mitos e itinerarios sobre los que se construye el mensaje. Historias que permiten la construcción de la realidad y la identidad y que combinan de forma articulada, lenguaje, palabras, sensaciones e imágenes visuales para configurar un sentido coherente en la construcción del espacio público y común de la comunicación.

De hecho, las historias están presentes en todo tipo de comunicación. Desde en la publicidad, hasta en el marketing, pasando por el lobby, incluyendo la historia. Desde la comunicación interna a la comunicación corporativa, si nos ceñimos al ámbito de las empresas. Y, para cualquier tipo de sujeto en la comunicación: desde la comunicación empresarial, corporativa, la comunicación política hasta en la comunicación con uno mismo. Somos constructores, narradores y personajes de nuestras propias historias.

Las historias van más allá de las herramientas, de las técnicas específicas, de los instrumentos o las modas en la comunicación. Gracias a sus historias contienen la esencia que las hace perdurar. Una herramienta o una campaña sin una buena historia detrás, sin un sentido, sin un objetivo integrado en la esencia y en la identidad de quien la emite, tiene el tiempo contado.

Storytellers

Así, hoy ya han surgido nuevos profesionales como los storytellers, una forma de ser creativos con un concepto y una idea mucho más global, constructores y contadores de historias en la comunicación.

Recientemente, conocíamos como Jon Favreau, que ahora deja la Casa Blanca por Hollywood. Favreau, es uno de los redactores destacados de los discursos de Barack Obama, quizá el político actual que mejor maneja el uso de las historias en la comunicación. Su papel con el del propio David Axelrod son claves para la narración de Obama como mito y personaje político.

Las historias con su propia capacidad narrativa tienen una mayor capacidad de conseguir atención por parte de quienes son sus destinatarios, en un momento en que conseguir esa atención es un objetivo. Son generadoras y transmiten. Las historias tienen capacidad de emoción, evocación, adhesión e identificación. Las buenas campañas de comunicación contienen historias, imágenes, cuentos, itinerarios, ritos, conflictos, argumentos, tramas, metáforas, personajes, mitos, arquetipos y, por ello, adquieren su verdadero significado, ideas y sentido.

Todos esos elementos estarán presentes, por su papel en la comunicación, en Comunicatelling. Las obras literarias, series, películas, el cine, el teatro, la propia historia y su fabulación contienen historias universales con todos sus elementos que son trascendentales la construcción del espacio en común a través de la comunicación. Campañas, ideas, discursos, historias y storytellers estarán aquí presentes, con sus propios ejemplos y narraciones, más que de una forma discursiva.

Y también estará aquí nuestra propia historia, nuestro propio relato, que empezamos a construir y a acelerar a partir de hoy.

¿Comunicación verbal de peor calidad?

diaespanolAsistía a un debate la semana pasada con motivo del Día Mundial del Español en el que se planteaba la pregunta de si la comunicación pública verbal de hoy es de ‘peor calidad’ que en el pasado. Para ello, los intervinientes trataban de comparar los usos de la retórica política, antes y ahora, así como lo que cada día podemos escuchar en los medios de comunicación.

En el debate surgían varias conclusiones, la primera e inmediata es la utilización de cada vez menos palabras en el debate político. Se ha reducido, por tanto, el léxico utilizado, el vocabulario. Pero otra conclusión, quizá más relevante que la primera, es la cada vez menor necesidad de argumentación, dado que las formas discursivas y dialécticas han cambiado.

A la vez, estamos asistiendo a la cada vez mayor formalización ý actualización de las herramientas e instrumentos técnicos relativos a la retórica actual. Hoy ya es moneda común el ‘media training’ como técnica de entrenamiento de los portavoces o de los personajes públicos en su presencia en los medios de comunicación. La asesoría de imagen es una actividad reconocida y en auge.

Se ha acuñado el término ‘storytelling’ como poderosa herramienta de comunicación, utilizada de forma inconsciente por un número importante de oradores en la historia. Los discursos se diseccionan en su componente verbal, paraverbal y no verbal, así como la capacidad emocional, de evocación y generación de expectativas. Probablemente, jamás habíamos estado tan atentos al formato y ‘continente’ de la comunicación como hoy.

Hay que partir de una cuestión básica y es que estas formas retóricas y discursivas se construyen de acuerdo con la audiencia, en un proceso de acción-reacción, es decir de retroalimentación. El empobrecimiento del lenguaje como herramienta de comunicación es algo que se produce en espiral y tampoco se puede desligar de la conformación de la cultura, del imaginario colectivo y de sus ideas. Evidentemente, la capacidad discursiva, narrativa y creativa, sigue existiendo, pero su construcción cada vez es más básica y lineal.

En todo caso, aprovechemos el Día del Español: es un buen momento para reclamar mejor español, mejores discursos, más ideas, mejores argumentaciones, para recuperar la esencia de los procesos de comunicación: una construcción que se enriquece en común.