La manía de encuestar

Recientemente se publicaba una encuesta digital en la que los lectores digitales del diario Marca elegían como jugador más representativo del recién campeón de liga, el Barcelona,  a Chigrinski. En plena celebración de la consecución de la liga española por el equipo azulgrana, con Leo Messi como estrella indiscutible y pichichi y un portero como Víctor Valdés, trofeo Zamora, como guardameta  menos goleado, un resultado así, en un medio de comunicación considerado referente de la prensa deportiva da que pensar.

Un día antes, se publicaba una “encuesta” en la que los médicos de familia habían entrevistado a 3.000 personas (enfermas o que acuden a su consulta) en sus consultas. Menos que cualquier sondeo de estimación de voto y claro con una aleatoriedad muy dudosa. Y, dicha “encuesta”, arrojaba como datos que e 3 de cada 10 españoles estaría dispuesto a ir más a los establecimientos de hostelería si se prohibía fumar en estos establecimientos. Venía por tanto a contrarrestar la campaña oficial del sector de la hostelería contra las previsiones de la nueva normativa (toda encuesta tiene sus “forofos” y también se hace contra algo o contra alguien). Es decir, 3 de cada diez individuos enfermos (dado que estaban delante de su galeno), y que por tanto, que pasaban por la consulta, habitaban en su lecho de dolor opinaban esta voluntad de aumentar su consumo de ocio en establecimientos de ocio. (¿?)

Y qué decir de otras encuestas como las que se les profiere a los internautas a la hora de valorar la velocidad de su operador o su calidad, que ofrecen resultados totalmente contradictorios con las mediciones técnicas que extraen los sistemas basados en tomas sistemáticas y procedimientos establecidos, oficiales, incluso internacionales y basados en estándares.

Estamos, por tanto, ante un uso y abuso de las estadísticas, fruto de la facilidad conseguida en ciertas herramientas para realizar peticiones de opiniones a la sufrida ciudadanía y la banalización de su contabilización y análisis. Por otra parte, bien es cierto que nos encontramos de manera recurrente, en medios de comunicación, por televisión o internet, con encuestas cuya formulación de la pregunta es tendenciosa y cuyos resultados son acordes con el “target” del medio y de la cadenaque la proponga. Es decir, las encuestas refrendan la posición política,ideológica  o editorial del medio. Qué casualidad.

Todo ello, porque se produce un fenómeno de desenclave de estas herramientas, las encuestas, cuya utilización indebida y rigor estadístico es discutible. No reflejan en ningún caso, ni criterios técnicos de muestreo, ni cálculos de error muestral, con importantes sesgos y con capacidad de que fruto de un fuerte emotivismo/subjetivsimo por parte del que lo rellena o «se apunta» (en el fondo participa en que está motivado contra o a favor). Y también por tanto del que la propone. Así, lo que pasa es que los «votantes»  se despachan a gusto y los promotores sólo tienen que sumar y contabilizar opiniones, conforme van cayendo, para verse ‘legitimados’. Así, el resultado de estas consultas acaba siendo predicho de antemano.

El efecto se completa, o mejor dicho, se dispara y se agrava cuando fruto de un producción tan desequilibrada, se pretenden elevar estos resultados a conclusiones generalizables a la sociedad española, a la ciudadanía. Formar criterios, expresiones y afirmaciones que buscan ir más allá, tener trascendencia, ofrecer un valor político, apuntar (apuntalar) a la opinión pública, irrogarse capacidad representativa, democrática o comunicacional por parte de quien los elabora. Y eso se hace de manera tácita o expresa jugando al engaño, con falsificaciones e interpretaciones.

El problema parte de la ansiedad por que se realice un tipo de comunicación anclada en un dato, en una asidera (lo que se le llama en la jerga “en una percha”). Un número, una resultante,  sobre el que perpetrar o colocar cualquier afirmación o la contraria, para incautos impresionables por las estadísticas (desde el sufrido televidente al responsable político y de la Administración sugetionable por causa de voto).

Por favor, señores, volvamos a la ortodoxia: información fiel, visión de la realidad, comunicación, historias, sentido común,… fuera el trilerismo de los datos.Si no, puede ser que las presuntas estadísticas sirvan como las farolas para los borrachos: para apoyarse, pero no para iluminarse.

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