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Amazing Mind Reader, una campaña inteligente (e inquietante)

 http://www.youtube.com/watch?v=F7pYHN9iC9I

Una campaña muy inteligente sobre banca segura, en el que un adivino y lector de mentes, que revela su regalo final.

El realismo llega a la comunicación política

bolosDesde el punto de vista de la comunicación política, la derrota de Carme Chacón en su aspirantazgo a la Secretaria General del PSOE sepulta en nuestro país una forma de hacer comunicación política que había marcado primero, los mensajes, el estilo del anterior presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y, como prolongación, el de Carme Chacón en su campaña para superar con éxito el 38 Congreso del PSOE. La construcción de la marca ZP (con Juan Campmany a la cabeza) fue su máximo exponente y fue uno de los ‘milagros’ de comunicación política, de un tiempo en que eran posibles mayores experimentos y un cierto riesgo comunicacional. De las campañas extravagantes a la sobriedad. De la verbalidad y la política mediática y calculada, a las lágrimas de Elsa Fornaro, hay un profundo un abismo.

Influenciados por la retórica mágica de Barack Obama (mejor candidato que presidente, como afirma la prensa norteamericana), por una lectura más o menos apresurada de George Lakoff y de los teóricos del ‘storytelling’ la construcción política e ideológica, poco a poco se había adanizado, simplificado, perdiendo sentido y sustancia. Una cierta fascinación por todos estos procesos asociados a la comunicación política había deformado, como un vitriolo el papel de la comunicación, en la vida política y en la acción de gobierno. Hoy, por ejemplo, también el liderazgo de Obama está en cuestión en la medida que su dibujo emocional y comunicacional ha sufrido la prueba del nueve de la realidad y del gobierno. De hecho, su reelección no está asegurada, lo que le ha llevado a entrar en la arena política electoral muy prematuramente y a esperar los errores de los ‘caucus’ republicanos. Y, el dibujo de la comunicación política en países como Francia, Italia, Reino Unido, Portugal o Grecia ha sufrido serios ‘bocados de realidad’.

De hecho, se había llegado a un punto en el que reinaba la confusión, habiéndose trazado una identidad matemática consistente en que la comunicación es la política y la política es la comunicación, algo que se había acrecentado con dos fenómenos: la irrupción de las redes sociales, Facebook, Twitter y el estrago del extinto movimiento 15M, todos ellos espejismos para quienes entienden que las formas de hacer política se ciñen exclusivamente a las ‘grassroot’, desde el punto de vista de la movilización permanente y la radicalización. Telegenia, mediatización, simplificación, buenismo más o menos políticamente correcto, justicialismo y redes sociales. Eso y técnicas como el ‘storytelling’ o el ‘framing’, aplicadas con delectación ofrecían un panorama ‘nihilista’ de los procesos comunicacionales que se están precipitando también la forma de hacer política o se están revelando insuficientes, desbordando a los partidos.

Se podría hacer una simplificación en plan ‘esto es consecuencia de la crisis’. La primera razón de esta obsolescencia de la comunicación política ha sido la distancia que finalmente se ha producido entre la realidad y el discurso político. La segunda razón, es que la simplificación y el esquematismo no sirven para abordar problemas complejos, como los que sufren las sociedades actuales. La tercera es haber efectuado lecturas simples de La cuarta es su falta de verosimilitud.

¿Quiere decirse por ello que las redes sociales en política no son relevantes, que el ‘storytelling ‘, que no tiene sentido o que el ‘framing’ no es relevante en la comunicación política o que los políticos no precisan ‘media training’? No, obviamente, no. Extraer esa lectura de este fracaso sería una extralimitación. Lo que no tiene sentido es su utilización estética, su aplicación indiscriminada y acrítica, la facundía en su entendimiento o la cosificación de la ideología y los procesos políticos en manos de la telegenia. Confundir los medios con los fines, o desposeer a la realidad de su trascendencia por la vía del media training. En realidad, lo que quiere decirse, con todos estos elementos, es que la comunicación, lo mediático tiene límites y, por ello, debe saber utilizarse dado que no sustituyen el vacío argumental o la crisis de pensamiento y de sentido. Es más, a veces lo evidencian.

Comunicación por arrobas

02A10N2QCualquiera que se haya acercado al mundo de la comunicación sabe que, tradicionalmente, lo cuantitativo era un criterio básico para medir los resultados de la política de comunicación de una organización. Se tenían en cuenta siempre criterios de medición, más o menos evidentes, cuando no, burdos: número de apariciones en medios, audiencia de los mismos, etc… cuando no, otras sofisticaciones como pueden ser el “equivalente publicitario de la presencia en medios”. Todo ello parte de un modelo bastante rancio de entender las organizaciones y las empresas, en general, y en consecuencia, la comunicación resultante como parte de su ejecutoria y resultado, en particular. La traslación de una filosofía de organización a una filosofía de empresa.

Todo esto se ha desmantelado progresivamente dejando sin referentes a quienes apostaban por este simple y comprensible modelo. La segmentación de las audiencias por un lado, la comunicación emocional, el papel de los e-nfluencers, el valor de las redes y la sociedad de la conversación, la complejidad en los entornos de las organizaciones, la identificación y percepción de los distintos públicos en la comunicación, la combinación de multicanalidad (con una correlación fiel entre actividad real y virtual), segmentación y conocimiento real de públicos, se ha conformado como un hecho mucho menos plano.

Hoy por tanto se habla más de “outcome” (consecuencia del resultado de la comunicación) que de “output” (resultados) en la comunicación y en las relacione corporativas. Es decir, si fruto de la comunicación y de la actividad de la organización, se logra identificación, reputación, coherencia,… Más que de fríos números justificativos del presupuesto gastado o de las burocracias comunicacionales que también han existido, perseguidoras de su propio espacio en las empresas.

En el caso de internet, Genís Roca lo explicaba muy bien en su post “No importa el tamaño, sino el cariño”, dónde aludia a la tendencia general de los proyectos de internet de acumular visitas, coleccionar fans, followers en Twitter o aumentar el número de amigos de Facebook. Todo ello de una forma maquinal, que introducía incentivos, incluso para las trampas y forzar el “page Rank”. En el fondo, lo que ha pasado es que se ha tomado el rábano por las hojas, con la furia del imitador o del recién llegado. Recordemos la anécdota que recorre los mentideros de una Presidenta de Comunidad Autónoma que pidió “tener” la misma comunicación que Obama, el día después de que el nuevo presidente fuera elegido por los ciudadanos e influyera decisivamente una campaña cuyo valor es la estrategia, más que internet (por mucho que haya sido una herramienta decisiva). Sobre todo, porque además, hay que reconocer el valor intrínseco que tiene Obama como candidato, que difícilmente es sustibuible con técnica.

La arroba de internet, si no se mide el alcance, puede ser identificada con las antiguas medidas de peso o de capacidad,de forma que el objetivo sea buscar “comunicación por arrobas”. La viralidad por la viralidad o el acceso a cascoporro son sus manifestaciones, lo  que, además, progresivamente ha ido devaluando su valor cuantitativo,  para empezar a ser relevantes elementos más cualitativos de influencia o retorno.

En el fondo, esta cuestión es la consecuencia de otro debate también extraordinariamente clásico, la diferencia entre información y comunicación, en lo que se refiere a su carácter unidireccional o bidireccional. De la diferencia entre cantidad y calidad. De la racionalización de los procesos, tras la explosión de los ‘snobs’. De los que priorizan las herramientas y la tecnología, a su sentido… En el fondo, estamos ante lo mismo de siempre.