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La espiral de silencio, en España, verano de 2011

espiralEn el año 1977 la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, publicaba La Espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social un texto capital sobre comunicación política y que describía uno de los procesos más descriptivos de los mecanismos que conforman la evolución de la opinión pública. En el fondo, la teoría de Elizabeth Noelle-Newmann es una teoría sobre el gregarismo en política y comunicación.

Según esta teoría, las personas temen permanecer aisladas del entorno social y, por este motivo, prestan una atención continua a las opiniones y comportamiento, supuestos por la mayoría, que se producen a su alrededor. La idea parte del hecho de que la necesidad de aceptación de las personas, conduce a que de forma colectiva se adopten las opiniones y comportamientos mayoritarios. El fenómeno es calificado de espiral de silencio en la medida que cuanto más se difunde la versión dominante por los medios, más guardarán silencio las voces individuales discrepantes, con lo que se produce un proceso en espiral.

Según la propia Noelle-Neumann: “el resultado es un proceso en espiral que incita a otros individuos a percibir los cambios de opinión y a seguirlos hasta que unan opinión se establece como la actitud prevaleciente, mientras que la otra opinión la aportarán y rechazarán todos, a excepción de los duros de espíritu, que todavía persisten en esa opinión. He propuesto el término espiral del silencio para describir este mecanismo psicológico”.
Múltiples teorías posteriores, desde los ‘frames’ de Lakoff hasta la utilización de las redes sociales, participan de estos postulados y se inspiran en sus proposiciones. Por ejemplo, hoy, podemos encontrar reelaboraciones de esta teoría en el nuevo libro de Antonio Núñez “La estrategia del pingüino” y su ‘abstract’ en el diario El País “Arrojarse al agua porque el otro lo hace”.

Pues bien, si analizamos dos procesos de comunicación política muy recientes, podemos identificar dos ejemplos de esta espiral de silencio, que ya no tienen vuelta atrás: la demanda de anticipo electoral, con una invectiva general para su reivindicación (incluyendo el diario El País) y el caso del escándalo de los trajes del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps (recientemente resuelto, de hecho, este post, parecía profético).

Dos ejemplos, en que el proceso de espiral de silencio (comunicación política), es perfectamente aplicable y conducirá a un desenlace público que no tiene freno. Hoy, en estos dos casos, es imposible encontrar posiciones diferentes en los medios de comunicación, siquiera de identificación de matices. Y, por otra parte, la comunicación de las formaciones políticas y de los respectivos ejecutivos (nacional y autonómico) han sido impotentes ante este tsunami.

En todo caso habría que preguntarse, a la vista de los hechos y de todos los pasos que han conducido a la situación actual en los dos asuntos anteriores, la posibilidad formular o de que existan argumentos con los que rebatir el tornado de estas dos espirales de silencio. Probablemente, no existan.