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Campañas electorales con la nueva ley o el Gatopardo

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Una nueva-vieja ley electoral… Como casi todo, las reformas que se abordan en nuestro país son de muy corto alcance, sin que persigan modernizar o reformar algo sustancialmente, sino hacer retoques más bien cosméticos a lo existente. Y, esto es lo que ha sucedido respecto a la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg), en lo que se refiere a las campañas electorales, como se ha podido comprobar en las últimas elecciones autonómicas y municipales.

Si se suele decir que la legislación suele ir por detrás de la realidad social, en el caso de las campañas electorales esta situación se acentúa. Sobre todo porque el esfuerzo de la clase política general ha sido mantener un ‘stablishment’ controlado, sobre el que puedan existir confrontaciones tácticas y de baja intensidad, en la interpretación. Al parecer, además, el período de debates en Comisión

Sólo así se puede entender que en los medios de comunicación, públicos o privados, tengan que informar con arreglo a los porcentajes de voto de las elecciones pasadas y no mediante criterios informativos. O, por ejemplo, que la señal de televisión la provean los partidos políticos directamente y que haya limitaciones a conseguir información complementaria.

Del mismo modo, la prohibición de emitir publicidad desde que se produce la convocatoria electoral hasta que el inicio de la campaña , es un ejercicio fariseo que se esquiva sin los partidos políticos anunciantes no solicitan el sufragio en su favor. Del mismo modo, las prácticas de los partidos políticos en el plano informativo, consistente en enlatar las declaraciones, las imágenes que se difunden en los medios y seguir un guión pautado (cosa que no tiene que ver con la ley, pero que evidencia un modo de actuación en relación con los medios y su utilización).

Sucede lo mismo con cuestiones como la jornada de reflexión (un atavismo procedente de un momento en que existía una democracia tutelada y dudas sobre la madurez de la sociedad para asumir los procesos electorales). Incluso la existencia de una campaña electoral regulada. La diferencia entre el período de campaña y sus períodos colaterales es que las formaciones políticas solicitan el voto o no, como hemos dicho antes. O, que en la nueva ley solo aparezca en una ocasión el término medios digitales.

En conjunto, todas estas cuestiones reflejan un conjunto de intervencionismos que además, la realidad se encarga de superar y con creces, al mismo tiempo que alimentan la maquinaria de los distintos partidos, dedicada a las impugnaciones y guerra de guerrillas.

De hecho, ya solo reconocer que la campaña electoral es permanente, que estamos en una sociedad on-line de forma permanente y el auge de las redes sociales como lugar dónde se realiza ‘política’ (en la recientemente cerrada campaña electoral, había candidatos que seguían ‘twitteando’ en la jornada de reflexión), deberían hacer repensar el diseño de todo el artificio.

Por tanto, se propone una reforma de la reciente reforma, en serio, y que recoja la realidad social y el entorno de partida. Y, todo ello, sin entrar en la cuestión central, que no es la Ley D’Hont, sino la circunscripción electoral.

Vivimos permanentemente en El Gatopardo.

http://www.expansion.com/2011/05/21/economia/1305931247.html